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Recuerdos con títeres.Novela.

39. La pampa al alcance de la mano.

Estoy por dejar mi mesa en el  Café , pero un movimiento que se produce cerca me detiene.Han venido a colocar en la pared una acuarela de Molina Campos.Me quedo a observarla  junto a otros que se acercan para lo mismo.No todos los días se tiene la posibilidad de estar frente a un original de este artista.Con una sola de sus obras, el campo, su gente y sus costumbres acaba de introcucirse en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires.

Acuarelas como ésta llegaron a todos los puntos del país en época de mi infancia reproducidas en los almanaques de Alpargatas.No faltaban ni en los comercios ni en los hogares.En todos los ámbitos introducían mensajes de cálido humor que generaban comentarios espontáneos y elogiosos, como ahora en el Café.

En esta oportunidad, Molina Campos describe una tarde de domingo, en la que más de diez paisanos han llegado al almacén para encontrar un poco de diversión.

Los cuerpos están laxos, en actitudes abandónicas, y mostrando al mismo tiempo la impronta que el trabajo rudo ha dejado en ellos, como el agobio de los hombros, la curvatura de las piernas y el tostado de los rostros , que contrasta con el blanco leche de la frente, protegida siempre del sol con el sombrero de ala ancha.

En toda la estampa se reconoce la falta de urgencias, se respira tranquilidad.Un paisano ya ha templado la guitarra que sostiene entre las piernas, y hace escuchar una composición c ampera, que dos gauchos maduros con barbas crecidas, sombrero y con facón en la cintura , están bailando serios, concentrados, bajo el alero del rancho.

Muy cerca, otros dos están de espectadores.Uno que usa su pingo como butaca, se ha sentado a la usanza de las mujeres, con las dos piernas colgando para el mismo lado.Su compañero que está de pie, tiene apoyado un codo cerca de la montura y se ha recostado en el animal en actitud de no moverse por largo rato.Evidentemente está cómodo . Calza alpargatas  blancas y nuevas.Todos se han puesto las mejores ropas, las del dia domingo.

El sol no tardará mucho en ponerse bajo la línea del horizoante , pero sus rayos todavía llegan con fuerza haciendo que los cuerpos proyecten sombra.Ahí nomás, frente al rancho, se ve una laguna.No podía faltar.Las lagunas son una presencia habitual en el campo pampeano, aunque puede suceder también, que reine una de esas sequías que terminan con todos los verdes y transforman los terrones de suelo en piedras.

Ahora bien, es evidente que esa laguna, con ser grande y estar en medio del camino, no ha sido impedimento para que los paisanos lleguen hasta el almacén.

En la hondonada que está a la izquierda, varios juegan a la taba, rodeados de un público que espera turno para competir y si es posible, hacerse de unos pesos.

Hacia el fondo de la acuarela, delante de la línea del horizonte que el sol la ha determinado rosada, un monte se alínea desde un costado al centro del paisaje, cual si fuera un tren que avanza.

Por último, levantando la mirada se pueden divisar, como seguramente lo han hecho los paisanos, en esa lectura permanente de las manifestaciones de la naturaleza a que están acostumbrados, esas nubes entre blancas y grises que, si bien por el momento no son señal de lluvia inminente, tampoco dejan de indicar que tienen agua. Por otra parte, esa bandada que viene volando desde el sur, debe ser tomada en cuenta.Es sabido que cuando los pájaros no tienen donde protegerse, se alejan del lugar cuando empieza a llover.

Al salir del Café entro en el fárrago de la gran ciudad, pero mi corazón sigue en el campo inseparable de mi pago chico. 

 

Clery Farina.

Buenos Aires.2011.

 

 

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Recuerdos con títeres. Novela.

38.El narrador de cuentos.

Estoy en el Café compaginando unos escritos.De pronto me pongo a pensar qué sería bueno tener en mi mesa a tio Arsenio.Estoy segura que él hubiera pedido una Hesperidina, su bebida predilecta, la que mamá tenía siempre en casa para homenajearlo.

Arsenio era un inmigrante italiano que durante muchos años vivió en 25 de mayo, trabajando como conductor de mateos, esos carruajes que todavía se ven por los bosques de Palermo en Buenos Aires  y mucho más ornamentados, en la plaza del Colosseo de Roma, con los que mi amiga la viajera suele recorrer según me cuenta,  el centro histórico de Roma.

A los chicos de la familia ,tio Arsenio nos contó que mientras esperaba pasajeros en la Estación de Ferrocarril, protegiéndose en las noches de invierno con una gran capa, leía.De esa manera llegó a leer todos los libros de la Biblioteca de La Nación y muchos más.Hijos y sobrinos nos beneficiaríamos después con todo ese caudal de conocimientos.

Cuando dejó de vivir en 25 de Mayo, regresaba a visitarnos todos los años.Entonces, preferentemente a la hora del almuerzo, nos contaba historias.Fue un gran narrador.Con voz pausada, creando suspenso, nos mantenía en vilo hasta llegar al desenlace.Le escuchábamos con avidez tanto las niñas como los varones.Todo lo que nos contaba nos resultaba interesante.Para nosotros era como ir al cine porque nos hacía “ver” las distintas escenas.

Al morir mi padre, quedó vacía una de las cabeceras de la mesa.Mamá dispuso que cada vez que viniera tio Arsenio, ocuparía ese lugar. Ahí lo estoy viendo, con su silueta enjuta, rostro de nariz aguileña, ojos pequeños y celestes, boca grande de labios finos y sobre ellos, el gran mostacho. Como siempre, viste traje obscuro, con un pañuelo sobresaliendo del bolsillo superior del saco, y dos flores de jazmín del país en el ojal de la solapa.Su sombrero, ya está colocado en el perchero.

Alrededor de la mesa ya estamos ubicados todos, menos mamá que todavía está alistando en la cocina la fuente con fiambres caseros y ensalada.Yo, queriendo que no se pierda ningún detalle de la narración, la llamo:

-¡Mamá va a empezar el cuentero!

Tio enmienda comprensivo:

-Bueno, cuentero no, mejor narrador…

Mamá aparece finalmente con la comida y empieza a servirla.Ni bien se sienta , todos hacemos silencio y tio comienza a  relatar, con seriedad, sin efectos rebuscados, dejando solamente asomar, en apoyo de sus palabras,  alguna mirada significativa . Tio fice:

-Habia una vez un rey que tenía tres hijas.Con la intención de repartir sus bienes , para dedicarse a descansar , las llamó y les djo:

-He decidido dividir el reino entre ustedes porque me siento muy cansado para seguir ocupándome de tantos trabajos.A fin de evitar disputas en el futuro, quiero darles a conocer la dote de cada una.Por éso, díganme, ¿Cuánto me aman ustedes?…Que hable primero la mayor.

La mayor habló primero y dijo:

-Te amo más de lo que pueda decir con palabras.Te amo más que a todo.

Feliz con la respuesta, el rey señalando en un mapa le anunció:

-Todo lo comprendido entre estos límites, con sus bosques, rios, montañas y valles, a partir de ahora es tuyo.

¿Y qué dice mi segunda hija?

Ella dijo sentir lo mismo que la mayor, pero además agregó:

-Solo ma dá placer quererte.

Después de escucharla, el padre complacido le señaló en el mapa la parte que le correspondía que era igual a la de la mayor.

A continuación, preguntó:

-¿Y qué puede decir mi hija menor para merecer más herencia que sus hermanas?

-Nada señor, dijo la hija cuyo amor era verdadero.

-¿Nada?… ¡De nada saldrá nada! ¡Habla de nuevo! Dijo el padre enojado pero la hija no cambió su discurso.Todo lo contrario, agregó:

-Te amo sobremanera, pero,¿por qué se casaron mis hermanas, si como dicen, te aman solo a vos? Cuando me case, mi esposo se llevará la mitad de mi amor…

El padre, montando en cólera la castigó diciendo: 

-Bien, que tu franqueza sea tu dote. Renuncio a todo cuidado paternal y desde ahora te consideraré una extraña.

Acto seguido, distribuyó la parte que le hubiera correspondido entre las hermanas mayores, reservándose el derecho de alojarse alternativamente en el hogar de una y de la otra.

Llegado a este punto, tio Arsenio hace una pausa prolongada  en la narración para permitir el cambio de platos y comenzar a degustar la pasta preparada por mamá.Después de haberle hecho los honores, concluye la narración:

-Pasado el tiempo, se vió que las hermanas matores habían mentido para obtener una herencia mayor y que no querían al padre.Llegaron hasta humillarlo y maltratarlo.Solo y abandonado, el rey anduvo errante y sin techo donde cobijarse.En ese estado fue encontrado por su hija menor, que lo llevó a su hogar y lo atendió con amor hasta sus últimos días.

Esta es la historia que nos contó en un almuerzo tio Arsenio.Pasados veinte años, buscando en una biblioteca obras de teatro para ponerlas en escena con mis alumnos, me reencontré con ese rey y sus hijas, resultó ser  el Rey Lear de Shakespeare.

Tio Arsenio no había necesitado para concitar nuestra atención , decirnos que la historia había sido escrita por un autor importantísimo.La furza de la historia y su arte de narrador, habían creado un momento mágico e imperecedero.

Narraciones como ésta, crearon un antes y un después en mi vida, aportándome un alimento espiritual que enriqueció  y enriquece mi vida. De hecho, el Rey Lear pasó a mi teatro de  marionetas  para el cual creé una marioneta transformista.Según se tiren los hilos, aparece el Rey o sus tres hijas.

 

 

 

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Recuerdos con títeres.Novela.

37.Los primeros bailes.

Durante la adolescencia, ir a bailar a un club, era la salida más emocionante , porque no solamente íbamos a bailar sino también para conseguir novio.

Nos animábamos con todas las danzas.Pero aunque bailábamos valses, tangos, milongas  y pasodobles, preferíamos mecernos al rítmo del bolero.Esta preferencia me trae a la memoria lo que ocurrió una noche cuando  con un grupo de amigas  y amigos fuómos a bailar a la casa de Elenita Lamadrid.Ni bien los padres se fueron, apagamos las luces principales y nos quedamos en penunbras,  la  situación más adecuada para bailar boleros.

No supimos cómo pasó, si fue porque los hijos menores que no participaban del baile les avisaron , el caso es que los padsres de Elenita volvieron sobre sus pasos a los pocos minutos.Nos quedamos estupefactos.Para salir de la situación, el “genio” Risé- le decíamos genio porque parecía que sabía todo-preguntó:

-¿Cómo le va, doctor?

-Muy bien, porque no perdemos el tiempo en pavadas comom otros.Y diciendo y haciendo prendió todas las luces.

A decir verdad, no hacíamos muchas diferencias entre las distintas danzas.No las bailábamos muy diferente unas de otras.Básicamente los cambios tenían que ver con el número de giros y la dirección de los pasos, a la derecha, a la izquierda o adelante.

Al vals lo bailábamos girando en una dirección y después en la otra, básicamente para evitar marearnos.Así seguíamos hasta terminar la pieza.Al bolero lo bailábamos dando un pasito a la derecha y otro a la izquierda.En esto de bailar casi sin movernos y y juntitos, se hizo famoso un estudiante del Colegio Nacional que durante toda la pieza, se mantenía bailando con su compañera en la misma baldosa.Quien lo presenció no puede haberlo olvidado.

La música de pasodoble nos ponía eufóricos.Arrancábamos bailando hacia adelante y seguíamos siempre en esa dirección.Si llegábamos a un punto donde la gente, las mesas o el mostrador no nos permitía seguir, dábamos vuelta y arremetíamos para otro lado  siempre para adelante.

Nunca fui una discípula aventajada de Terpsícore, pero los muchachos solían ser todavía menos hábiles que las mujeres.Ésto lo pude confirmar cuando un amigo de mi hermano me invitó a bailar el pasodoble “España Cañí”. No solamente que bailó toda la pieza adelantando solamente la pierna derecha mientras arrastraba la izquierda, sino que atravesó de esa manera toda la pista hasta dar contra unos cajones de cerveza . A esa altura, sugerí que volviéramos a la mesa y cuando estuve sentada me disculpé:

-Estoy cansada, no doy más.

Él  me dijo resignado:

-Vos conmigo…Nunca más…

Con el tango también nos animábamos.Si en la familia no había quien nos enseñara, nos arreglábamos como podíamos.Lo bailábamos sencillito: dos pasos para un lado, dos pasos para el otro y sin figuras.Nada de cortes, nada de ochos.Si después de un tango escuchábamos el rítmo canyengue de una milonga, salíamos a bailarla como el tango, dos y dos pero más ligerito.

Una danza hizo furor allá por la década del 50.El mambo.Llegó de la mano de Pérez Prado con sus particulares sonidos guturales.

Danza con algo de ritual pagano , al escuchar los primeros compases, todo el mundo se percataba de que los cuerpos iban a sentirse profundamente involucrados.

Aunque hizo furor, las adolescentes no incorporamos el mambo.Fue danza de mujeres más grandes, seguras, capaces de contornear sus cuerpos delante de los hombres con los que intercambiaban miradas significativas.

Nosotras, en esos momentos solo formábamos parte de un entorno silencioso, lamentando en el fuero íntimo no ser capaces de hacer lo mismo.

 

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36.Noche feliz.

Noche de domingo.Noche de paseo.Muchas familias vamos caminando  por la calle 9 hasta llegar al Prado Español, un lugar de espectáculos donde se presentan artistas famosos.

Ni bien llegamos mamá y papá, mi hermano y yo, los dos chicos empezamos a mirar todo con los ojos bien abiertos como queriendo que nada se nos pase por alto.

Mis padres están contentos.Mi madre lo refleja en su sonrisa.Papá luce la simpatía de siempre y lleva puesto un sombrero gris que se quita y vuelve a colocar cada vez que saluda a las señoras.

Es noche de jolgorio.La colectividad española siempre asiste a los espectáculos del Prado, pero esta noche parece que toda la comunidad se ha dado cita con motivo de la llegada del cantaor Miguel de Molina.

Ahora  él se ha subido al tablado y se empieza a adueñar de todo el espacio.Muy delgado, viste pantalón negro ajustado y blusa blanca con grandes lunares rojos, en la que los volados de las mangas parecen ondular con cada movimiento de los brazos.

Se hace evidente que miguel de molina vive profundamente su arte.Así lo hace sentir al público que lo incorpora de la misma manera.No sabe uno a qué atender más, si a lo que dice o a lo que hace.

Al ser todavía una niña registro más sus movimientos , cómo se detiene de repente, cómo gira, cómo zapatea haciendo que los piés apenas se despeguen del piso, produciendo un suave golpeteo que se escucha hasta en la última fila de espectadores , porque ha logrado un silencio de misa.

Su canto va desgranando historias con alegría, desparpajo, nostalgia a través de personajes inolvidables como: la hija de Don Juan Alba, Catalina, Los ojos  verdes…

Cuando salimos, volvemos a casa caminando.Es una noche cálida y en el cielo estrellado, con mi hermano ubicamos fácilmente la Cruz del Sur.

 

Ahora lo veo

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35.Entre frases y versos importantes.

Mi niñez estuvo embretada por grandes frases en todos los ámbitos.En la familia, la iglesia, la escuela, la radio, siempre alguna enseñanza explicación o discurso terminaba con una gran frase.

Yo las escuché y grabé en la memoria.Me gustaban mucho, tanto como las poesías de lenguaje grandilocuente.”El nido de cóndores” de Olegario V.Andrade era una de mis preferidas.

Todavía puedo escuchar cómo la declamaba desgranando las palabras mientras contenía el aliento hasta llegar a una pausa liberadora:

En la negra tiniebla se destaca (pausa breve)

como brazo extendido hacia el vacío(pausa breve)

un peñasco sombrío.(pausa larga.)

Blanca venda de nieve lo circunda

como nieve que gotea (pausa breve;llegar hasta esta

pausa era algo dificultoso pero prefería no hacerla en circunda)

como la negra sangre de una herida abierta en la pelea.(Gran pausa.Aquí me aseguraba que se escuchara el silencio).

Pronunciaba los versos arrastrando las vocales, con tono monocorde, remedando el sonido de una marcha regular de pasos uniformes, reglados.

A “El nido de cóndores” lo supe declamar en la Escuela Normal y en la Plaza Mitre.Al hacerlo, me identificaba tanto con la historia que sentía elevarme desde el piso hasta la cima de la cordillera, donde lograba ver el nido de cóndores con varios pichones de pescuezo largo y pocas plumas.Al gran cóndor lo veía planear con las alas extendidas y después apoyarse en la montaña para esperar la llegada de San Martín.Cuando terminaba de recitar, volvía naturalmente  al mundo de la realidad cotidiana.

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34.La venganza será terrible.

¡La venganza será terrible! …promete el presentador del programa y yo me apresto a escuchar todo el tiempo que el sueño me lo permita.Estoy segura desde el instante de la apertura que pasaré muy buenos momentos, especialmente  si Alejandro Dolina hace referencia a las andanzas de los dioses griegos que él baja del Olimpo con tanta gracia y sabiduría.Por su parte los encantadores cómplices como Guillermo Stronatti, veinticinqueño y Gabriel Rolón analista y guitarrero, saben hacer de las suyas.

La advertencia de que la venganza será terrible, me transporta indefectiblemente  a mi época de oyente de radioteatros , de los que fuí adicta en la niñez y adolescencia junto a mi tia Tomasa.

Tomasa tenía un carácter juguetón y vivía ,  aparentemente,  despreocupada los problemas de los adultos, no obstante estar casada con tio Domingo quien  utilizó  sin éxito su fortuna para poner en práctica más de un invento, como aquel del auto capaz de andar sobre los rieles del ferrocarril.

Cuando tio Domingo viajaba a Buenos aires, me mandaban a acompañar a tia Tomasa para que no se quedara sola.Yo iba con gusto, porque a más de su buen carácter, ella tenía habilidades culinarias extraordinarias.Era especialista en buñuelos de manzana en forma de peritas y en panes dulces tan grandes que   desbordaban el molde.De ahí el nombre conque fueron bautizados:  Pan dulce gorra de vasco. 

Con tia terminábamos las noches escuchando radioteatros, por Radio El Mundo o por Radio Belgrano.Juntas sufrimos muchas veces con “El galleguito de la cara sucia”.Según entendí, ese galleguito primero fue pobre.después se hizo rico y se casó con una señorita que lo despreciaba.Nunca fueron felices.Yo lloré mucho por eso.

En otra novela, el personaje principal era un científico que  al excederse en sus experimentos logró una substancia que al ingerirla, lo transformó en bestia.Todo lo había hecho en secreto.Al descubrirlo, uno de los personajes dijo:

-¡Doctor, usted ha profanado los fuegos sacrosantos del altar!

No me quedó claro  qué era éso de los fuegos sacrosantos, pero deduje que esos experimentos no debieron hacerse, que el científico había pecado y que por éso merecía el castigo de Dios.Bien pudieron haberle dicho:

-¡La venganza será terrible! 

 

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33. Todo por ver la familia unida.

Ana fue la mayor de las hermanas de mamá y, aunque era muy amiga de dar consejos, solamente lo hacía cuando se lo solicitaban.Creo que en algún momento de nuestras vida, todos los familiares la consultamos.

Incluso hubo quienes llegaron hasta su cocina, lugar en que se sentía muy cómoda, para que hiciera de árbitro en un conflicto.En esas oportunidades, tia mostraba sus grandes dotes de mediadora.

Con rostro imperturbable en el que no podía leerse lo que pensaba, reconcentrada, seria pero amable, daba a entender cuando finalmente hablaba, que el hecho no tenía la importancia que se le atribuía, que era mejor que las partes llegaran a un acuerdo y olvidar lo ocurrido.

Mi madre, que abogaba por el triunfo de la verdad a ultranza le reprochó, después de haber presenciado uno de esos encuentros, que no hubiera hablado estando en conocimiento de que una de las partes mentía.

La respuesta de Ana  dejó a mi madre sin réplica:

-Si yo hablara…en esta familia habría tiros.

Creo que tenía condiciones de diplomática y que las utilizaba para mantener a la familia unida.Cuando murió, ninguno pensó reemplazarla en ésto.Tampoco la familia es lo que era entonces.Algunos murieron y otros emigramos, aunque siempre estamos volviendo.

A este distanciamiento, tia Ana le aplicaría aquello que me dijo la tarde de la despedida cuando dejé 25 de mayo para seguir estudiando en La Plata;

-La distancia trae olvido.

Yo pienso que las raíses siempre están.Es posible que se mantengan en las profundidades, pero siguen latentes   pugnando  por aflorar. Por otra parte, la  ausencia más o menos prolongada del espacio natal, bien puede ser un recurso para evitar el dolor de volver a un ámbito donde están ausentes muchos seres queridos y tantas circunstancias de las que fuímos parte.

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32.Los besos.

Durante la  etapa que llegaba a su fin, tuve mi primer novio.Él estudiaba bachillerato.

La mayor parte de las veces nos citábamos  en la puerta de casa.Allí, durante los atardeceres, fui aprendiendo a besar.En una de esas oportunidades, tio Pedro, el padre de Pedrito o Memeco, el primito de los sabañones en las orejas, vino caminando desde la esquina donde tenía un almacén y pasó delante de la puerta de casa para cerciorarse de que lo que había creído ver realmente sucedía.Cuando comprobó que no se había equivocado, para disimular siguió hasta la otra esquina , desde ahí volvió , se metió en el almacén y llamó a mamá por teléfono para informarle lo que había descubierto.

Como resultado de esta comprobación “in situ” , durante un mes, solamente me dejaron salir para ir a la escuela.Estuve enclaustrada por “papelonera”.

Tía Ana, la que ayudó en mi nacimiento, aunque seguramente tenía opinión semejante a la de mamá, no me dijo nada sobre el tema.Asumió una actitud de reserva.

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31.Elisa y las mariposas.

Ninguno de mis compañeros habrá olvidado a Elisa, nuestra profesora de Matemáticas.Cariñosamente le decíamos tia Elisa.En su cabeza grande se destacaban la cabellera rubia peinada con grandes rulos y sus ojos también grandes y celestes.

Docente aplicada, escribía con mucho esmero los teoremas en el pizarrón, especialemnte el de Pitágoras, para que nosotros los copiáramos en la carpeta y después los estudiáramos de memoria.

Nunca supe para qué servían esos teoremas aparte de ejercitar y poner a prueba nuestra dedicación al estudio. Pero ella  seguro  sabría para que otra cosa servían.

En políticqa,Elisa tuvo un comportamiento peculiar, siempre respetuoso con las autoridades de turno.Durante el primero y segundo gobierno peronista, fue parte del entorno de las máximas autoridades.En ocasión de las fechas patrias, era posible verla sujetando una extensa bndera junto a los personajes más conspicuos de la ciudad.

Pero he aquí que al producirse la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón y seguirse con la costumbre de desfilar con la gran bandera, tia Elisa apareció portándola con las nuevas autoridades.

Relacionado con el tema de Elisa y la bandera, hubo un hecho en el que me involucré.una mañana, al salir de casa, ubicada frente a la de Elisa, vi que con motivo del cambio de gobierno, había puesto una bandera en el balcón.Ver eso y recordar su pasad adhesión al peronismo fue todo uno.

Siguiendo un impulso, volví sobre mis pasos, busqué una tijera, crucé la calle y corté la soga que sujetaba la bandera.Rápidamente la coloqué dentro del balcón y me fui para casa.

Contrariamente a lo que esperaba, mi operación no tuvo éxito.Al rato pude comprobar que la bandera lucía extendida otra vez en el balcón, y atada con una soga tan  gruesa que no se podía cortar con tijera.

Cuando busqué a mi madre para darle mi versión de los hechos, la encontré llorando en el dormitorio asistida por tia Tomasa.Ya estaba enterada de lo ocurrido y llorando me reprochó:

-¿Qué es éso de salir a coratr banderas? ¡Me has hecho quedar mal delante de todo el pueblo!

Yo aduje en primer lugar que no había cortado la bandera sino la soga y que tia Elisa tenía que tomar conciencia de su volubilidad política…

Mamá siguió sin darme la razón, pero sin embargo hizo un comentario que me dió a entender que no pensábamos tan diferente:

-Si fuera como vos decís,tendrías que salir con la tijera por todo el pueblo a cotar muchas banderas.

¡Qué época aquella! La bandera y el uso que de ella hacían los ciudadanos daba para cuestionamientos éticos, discusiones y llantos…

No sé si mis compañeros de aquel entonces hubieran actuado como yo, seguramente no, pero todos sabíamos de las actitudes contradictorias de Elisa. Esto se puso de manifiesto durante la seguidilla de festejos que nos programamos al acabar el secundario.Un buen número de éstos consistieron en ir a tocar el timbre a la casa de los profesores con la intención de que nos hicieran pasar y nos convidaran con algo.

En el domicilio de Elisa no contestaron.Entonces le3 cantamos a coro en el balcón, precisamente en el balcón de la bandera:

¡Y chupe, chupe y chupe!

¡No deje de chupar!

¡Elisa es lo más grande

que tiene la cudad!

Esta cuarteta,después de ser cantada por nosotros, fue incorporada a las despedidas de los años posteriores . Y así, tia Elisa y su copla, entraron en el folklore de la ciudad.

Escuchando aquellas voces queridas desde mi presente madurez, y sobre todo, recordando la pretensión de bajar aquella  bandera, advierto que me faltaba vivir mucho para  aprender,  con cuánta  facilidad   juzgamos  el comportamiento ajeno y con cuánta facilidad  podemos producir hechos  autoritarios.

Entre las visitas a casa de los profesores, hubo una particularmente emotiva, la que hicimos al director Agustín Muñoz.

Poco tiempo atrás lo habían dejado cesante.Era un chaqueño de pómulos salientes y ojos oblícuos.De ahí el mote de “Chino” que algunos le habían endilgado.Muñoz quería sus alumnos.Recuerdo la vez que se presentó en el curso porque habíamos tenido una explosión de risotadas …Nos habló sobre lo que esperaba de nosotros y cerró con aquello de:

-…Yo quiero que se distigan hasta en la manera de caminar…

La noche de la visita estuvo notablemente parco.Ya no estaba bien de salud, pero situación física y anímica aparte, actuó con dignidad, con señorío.Abrió la puerta de su casa y nos atendió junto con su señora, haciéndonos sentir que estábamos entre amigos.Al mirarnos, seguramente recordaba escenas del pasado.Nosotros nos estábamos despidiendo para seguir hacia el futuro.

Cuando salimos de su casa, Roberto Catalano, el compañero que actuó en “Pedido de mano” de Chéjov, tocaba el charango..

En la bocacalle, todos nos pusimos a mirar cómo decenas y decenas de mariposas que al dia siguiente aparecerían muertas en el asfalto, giraban alrededor del foco de luz…Sin decir nada, nos tomamos de las manos y también giramos .En la noche se escucharon nuestras risas hasta el momento de la despedida.

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30. ¿Dónde están?

Mi profesor de teatro tenía ideas políticas revolucionarias.Sostenía que solamente con un cambio estructural se podía liberar al proletariado de la opresión capitalista.No militó en ningún partido político de los que consideraba pequeño-burgueses.Murió joven.

Alcanzó a vivir la década del 50 con la caída de Perón, pero no terminó la del 60 que trajo a Carlos Onganía.Tampoco supo del último proceso militar, de la guerra de Malvinas ni del advenimiento de la democracia.

Visto desde el fituro, mi profesor puede ser un excelente punto de referencia para intentar explicar las ideas, sentimientos y en especial, la militancia  que abrazaron tantos jóvenes con el fin de hacer realidad sus utopías.

A través de los años, la suerte corrida por muchos de estos jóvenes y sus hijos que de hecho se vieron involucrados, fue diversa. Mi profesor de teatro murió por una enfermedad, pero miles de ellos  tuvieron  finales violentos.Tampoco faltaron los emigrados que en buen número siguen afuera del país.

Por último, están los que se quedaron y pueden contar lo vivido.Entre éstos,por ser fuertes o tener un entorno contenedor,algunos  viven con un empuje similar al del pasado.Otros, no pueden resarcirse de las mutilaciones sufridas .Tal es el caso de mi amiga, la viajera que no sabe qué ha pasado con su hijo.

Más de una vez le he escuchado decir:

-¿Dónde está? ¿Cómo está? ¿Por qué no tengo noticias?…A pesar de todo, creo que está con vida, que volveré a verlo.Cualquier dia de éstos, sonará el timbre, iré a ver y él estará ahí.Me resultará inconfundible.Su sonrisa, sus gestos serán los mismos.Aunque el rostro esté algo cambiado, aunque algunas canas asomen por entre el pelo abundante, y su forma de hablar me reulte algo distinta a como la tengo memorizada, la sangre gritará que es mi hijo y nos abrazaremos muy fuerte con un abrazo interminable.